Descalzo
Descalzo camino por la playa; siento la fina, tersa e hirviente arena recubrir toda las plantas de mis pies. Pequeñas partículas que me recuerdan que aún estoy aquí. Un aire lleno de salinidad y minúsculas partículas de agua, me recuerdan que aún respiro. Sudor recorriendo mi frente, mi espalda, mis labios, mis dedos, toda mi piel, aún siento. Firmes rayos luminosos atraviesan mis pupilas, me permiten ver, ver cada detalle, cada forma y color. Me permiten ver cada detalle de un rostro. También me permite ver la otra perspectiva. La perspectiva de las sombras, la que oculta todo, la de los rostros fingidos y expresiones hipócritas. La perspectiva de la mundanidad de las cosas.
Con un cigarrillo en la mano y esta playa a mi alrededor; Pienso en todo aquello que he hecho. El balance general siempre es negativo. Por que al pasar del tiempo he intentado no ingresar en la otra perspectiva, en el otro lado. Me he quedado quieto, preguntándome a veces si en verdad existo. Mi piel me responde que sí, sólo mi piel.
Camino, rodeo la playa. El sol penetra en cada poro de mi piel haciendo hervir el sudor que aguarda mi ser. No puedo alejar los pensamientos de mí. Ahora una pregunta llega a mí: ¿ y si pago el tributo? Tal vez me sienta vivo.
Siempre me he sentido alejado de las cosas; ellas pasan por mi rostro y no las puedo ver. Siempre estoy del otro lado, nunca en el correcto.
Sigo caminando, personas pasan cerca de mí. Vuelve la pregunta: ¿en verdad existo?. De pronto, entre la luminosidad del sol y el sonido estridente de las olas del mar, diviso una pequeña covacha vieja. Un jovencito la pinta dócilmente. Al fin mis pensamientos se alejan del naufragio de mi vida, y se concentran en aquel ser delgado, que según me acercaba, podía ver la pobre vida que llevaba. Llegué a estar a escasos metros de él, me detuve a observar su trabajo. Pronto detallé su rostro: pequeño, delgado también, ojos marrones profundos, pero, a pesar de su condición, con una sonrisa que apenas alcanzaba en su rostro. Me miró con aquellos expresivos ojos por escasos segundos, y continuó con su labor.
De repente, aquel muchacho me recordó a una persona que conocí en una café de una ciudad cercana. Una persona que vivía con intensidad el día a día. Una persona que conocía con plenitud su condición y a pesar de eso encontraba en cualquier cosa el valor para existir, para seguir siendo. Quizás por sus palabras todavía encuentro valor para despertarme y seguir.
El vapor del café se volatizaba, pronto se impregnaba en mi nariz, lo recordaba con claridad. El brillo dorado del ocaso penetraba por la ventana y se resplandecía en el vidrio de nuestra mesa circular. Zorg se encontraba exactamente al frente de mí tomando un sorbo de café, y con su mirada puesta, absorbida en el ocaso. Asentó su taza de café, echó un suspiro y con su voz firme y armoniosa dijo:
-Espero a Betty Blue
-¿Quién es Betty Blue? le pregunté
-Por ella estoy aquí. Dijo. Su respuesta me hizo entender que él era, existía por ella. Entendí eso no sólo por sus palabras sino también por que eso respondía su piel, sus ojos. Puede entender su pasión, pero quise saber más.
Saqué un cigarrillo de mi bolsillo lo encendí. Fugazmente el brillo dorado del sol ya no resplandecía en la mesa, ahora sólo resplandecía en lo alto. Miré a Zorg y le dije:
-Betty debe ser como este ocaso para ti, te hace querer estar aquí para poder ver su espléndida aparición. Pero espero que no lo sea, por que es tan efímero, que sin darte cuenta ya se ha ido.
- Espero yo también que no lo sea, por que por ella encontré un sentido a mí vida, por ella quiero estar aquí.
Me miró como si supiera mi pregunta y se adelantó a mis palabras. Vaya que me miró fijamente que pude ver como se contraían sus pupilas y me dijo: la muerte no va a ser barrera para nosotros.
Bebió otro sorbo de café, sus dedos inquietos golpeaban armoniosamente la mesa, mientras lo hacía me dijo: antes de encontrar a Betty Blue la literatura era mi razón de ser. Escribía para sentirme vivó. Ahora no lo necesito por que ella me brinda todo lo que necesita para existir. Tu deberías hacer lo mismo, encontrar algo que te haga sentir vivo.
Mientras esas palabras golpeaban mi cabeza le respondí: eso espero.
Ahora veo a aquel muchacho y veo su pasión, veo como una sonrisa cabe en su rostro a pesar de su condición. Decido alejarme de aquel muchacho, y lo hago con mis pies descalzos. Vuelvo a buscar algo que me permita existir.
sábado, 24 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)